Me introduzco deprisa en este lugar que parece una mezcla entre pizzería, cafetería y pub, no tengo hambre pero es más calido que afuera. Seco rápidamente mis pies a la entrada y me dirijo a una mesa apartada de la entrada para evitar las corrientes de aire de cada vez que abren la puerta. Sentado en la mesa junto a la ventana a espaldas de la pared porque no me gusta la sensación de alguien detrás de mí, cuelgan varios póster publicitarios de corte retro, desde aquí puedo observar perfectamente la calle donde las personas se desplazan apresuradamente debajo de las marquesinas para evitar las gotas de lluvia que caen continuamente desde el amanecer, la lluvia no es muy fuerte pero si lo suficientemente hábil para humedecer cualquier prenda que se le encare. Extiendo mi chamarra en el respaldo de la silla contigua que logró humedecerse cuando salí a la calle. Desde la comodidad de esta silla me quedo observado a través de la ventana a un padre apresurando a su hija que va pisando con fuerza en cada charco que se le atraviesa mientras él trata de esquivarlos. Ambos caminan bajo el paraguas que sostiene el padre pero no es suficiente para detener las salpicaduras que provoca la niña con cada charco que pisotea. El padre da un tirón a la niña para detener su diversión, pues su pantalón ha sido alcanzado en varias ocasiones por la diversión de la niña de sus saltos sobre los charcos. Me coloco mis audífonos tratando de sintonizar el pequeño y novedoso reproductor de manufactura china en mi estación de radio favorita; la señal no es buena pero aún así logro sentir compañía. Siempre he sido bueno escuchando y malo para hablar, es por eso que siempre me enamoro de las locutoras y me paso los momentos entre canciones imaginándolas físicamente, siempre parecen hermosas pero quien sabe la realidad. Se acerca la mesera e interrumpe mi conversación con la locutora del programa de las 4. Me quito mis audífonos pues no pude escuchar su introducción. Se queda mirándome esperando una respuesta y yo esperando me repita su presentación, le pido rápidamente un café cargado bien caliente y pregunto por algún pan recién horneado, pues el olor en el lugar delata lo que el horno esta cocinando. Muffings sugiere ella y me doblego ante su oferta. La mesera se retira y me quedo observando el interior del lugar mientras los audífonos cumplen su misión y retornan a su frente. El lugar no es muy concurrido, tres mesas hacia el fondo se encuentra un caballero delgado narizón con poca cabellera y muy atento en su periódico, en su mesa hay un café y los restos en un plato de lo que pareció haber sido pasta. Las mesas del lugar, todas de madera obscura, lucen desgastadas y rayoneadas por el mal uso de los comensales, la luz es tenue pero suficiente para permitir la lectura de mi vecino tres mesas al fondo. Cerca de la barra que resguarda la cocina se encuentra un matrimonio en otra mesa esperando su orden, ella mira a su hombre de vez en cuando con característicos ojos brillantes de una mujer fiel y envidiables para cualquier necesitado de amor. El se concentra en su taza de café y en responder con cortas frases la entusiasta platica de su mujer. Logro localizar la puerta del baño al fondo del lugar junto a unas cajas de cervezas en caso de necesitarlo. Veo a la mesera que se aproxima desde la barra con mi café el cual coloca al centro de mi mesa y me advierte que mi pan no tardará en estar listo. Regreso a mi plática con mi locutora favorita quien hace mención de la lluvia fuera de su estudio e introduce a los smashing con today. Las gotas se deslizan en las ventanas de este lugar que todavía no adivino su concepto pero es bastante acojedor. El vidrio empañado a lado de mí delata mi cercanía con él, después de limpiarlo me quedo como hipnotizado viendo a través de él a los autos que van atravesando la calle que ya se encuentra encharcada, los autos pasan con las luces encendidas para prevenir a los menos precavidos, los limpiaparabrisas van aventando las gotas de lluvia por los lados y en su andar van levantando el agua de los charcos que no son lo suficientemente fuerte para alcanzar las banquetas o a los transeúntes que se apresuran sobre ella. Mi pesado pie de conductor citadino se comporta con seria precaución cuando llueve, no se si sea por respeto a los pisos mojados o por contemplar las gotas sobre el parabrisas, algo similar parece estar sucediendo con todos allá afuera.
La puerta recibe a otro cliente que se desplaza decidido por el pasillo que lleva a la entrada-salida, cuando cancelo mi mirada hacia la calle volteo y observo la espalda de una delgada mujer de mediana estatura, bajo una gruesa y obscura gabardina que le llega hasta sus rodillas. Al llegar a la mesa del centro se despoja inmediatamente de su húmedo protector y lo coloca en el respaldo, se sienta en la silla desde la cual puede ver hacia la calle de frente y a mí de perfil. Sus ojos son vivos, lo noté cuando me atravesé en su mirada que exploraba el lugar, no le había despegado la mirada desde que pasó junto a la barra, cuando me encontró observando sus cabellos húmedos, inmediatamente me hice el desentendido y buscaba otro punto para fijar la mirada. Regrese a atender la plática que tenia con la locutora de la estación la cual ahora habla sobre la corta vida de una extinta banda de los 90 y como el mundo de las drogas termino con desintegrarlos. Inmediatamente comienza una rápida canción de la extinta banda y la mujer que llamó mi atención se dirige a los sanitarios, en su mesa deja su bolso, un libro el cual mi ceguera impide ver el titulo de la obra con claridad y su mobil. De repente su aparato comienza a sonar con un peculiar ringtone de una canción de salsa, el sonido es alto y llama la atención de todos los que continuábamos en el lugar. La persona del otro lado del teléfono no se rinde tan fácil e insiste en sus llamados, si fuese atrevido me hubiera parado a detener ese sonido y hubiera atendido esa llamada, tal vez me contestaría alguna preocupada madre tratando de buscar a su hija, o alguna platicadora de sus amigas que quisiera contar algo urgente a su amiga, o quizás su pareja que no terminaría de cuestionarme quien diablos era yo y que hacia contestando el teléfono de su amada. La chica sale corriendo del sanitario y se dirige apresuradamente a su mesa para alcanzar la insistente llamada que finalmente logra atender a su impaciente interlocutor, se deja caer sobre su silla tratando de evitar la mirada de los curiosos que estamos en lugar y que no despegábamos la mirada de su mesa desde que empezó a sonar su aparato. Mi locutora continua hablando y yo solo escuchando, en acto de descortesía bajo el volumen y dejo de hacerle caso para entrometerme en la llamada de la chica, sin embargo su voz no es grave como la de las mujeres de mi familia y solo veo de reojo los gestos y risas que hace con su interlocutor, es una lastima que la persona del otro lado del teléfono no pueda ver las aprobaciones con sus caras y gestos que la mujer le esta haciendo. Con su mano desocupada se entretiene con los hilos de un hoyo en la pierna de su pantalón de mezclilla mientras la mesera le trae una bebida caliente en una taza mientras ella continúa riendo y divirtiéndose con su interlocutor. Regreso con mi locutora de la tarde quien ahora habla con "el invitado de tarde" que el día de hoy es un crítico de cine. Empieza a hablar sobre las películas de manufactura local y bajo presupuesto que se presentaran en el festival de cine el próximo fin de semana en una cercana ciudad. Una llama mi atención por ser filmada en la sierra de guerrero y narrar una historia sobre cotidiana margindad y fríos abusos de autoridad desde la perspectiva de un adolescente cuya narración sucede en un solo día. Me intriga la vecina de los jeans rotos me llamó la atención su abultada y húmeda cabellera china. Que hace en este lugar? A donde va? Vendrá de la escuela o del trabajo? espera a alguien? porque me hago esas preguntas? su playera tiene un dibujo de un gato negro el cual me recordó a una amiga fan de los gatos negros, mi amiga tenia uno y lo nombro Platón, también era medio fan de aquel filosofo. Su novio odiaba los gatos y decía que todos los gatos eran gays y para gays, quizás por eso mi amiga decidió dejarlo después de que en una ocasión mi amigo tiro al gato del sillón para el sentarse y el felino le respondió con tremendo rasguñon es su cara. La viveza del animal le permitió huir a toda velocidad antes que el hombre intentara liberar su furia, mi amiga solo le señalo la puerta y no atendió jamás alguna de sus disculpas.
Otro set de canciones en la radio y otra vez la locutora que ahora despide al crítico, introduce otro hit del momento, la mujer china (por su cabellera, no por tener raíces asiáticas) continúa su platica por teléfono (al parecer intercambian chismes) y de vez en cuando da sorbos a su taza, la pareja cerca de la barra pide la cuenta mientras mi vecino a tres mesas deja a un lado su periódico y se levanta al baño. Otra vez mi locutora, y yo esperándola mientras miro la lluvia de la calle, ella atiende una llamada de sus radioescuchas que pide informes sobre los eventos para el fin de semana, la locutora atiende cortésmente la petición además de una canción de Pete Doherty – For Lovers para una persona muy especial y que inmediatamente comienza a reproducirse. Se detiene un auto frente al lugar con las intermitentes encendidas y los limpiaparabrisas aún activos. La china se levanta inmediatamente, se mete hábil y rápidamente en su abrigo, recoge sus pertenencias y deja unas monedas sobre la mesa haciéndole una seña a la mesera, se apresura a la salida y se introduce en el auto que afuera esperaba antes. La pareja cerca de la barra también se retira y mi locutora favorita continúa haciéndome compañía en mi mesa. Un aparato en la mesa de la china emite una luz y se escucha un zumbido. China olvidó su mobil y lo puso en modo silencioso, quizás porque llamó demasiado la atención de los desconocidos, me levanto en dirección al baño pasando cerca de la mesa de china para tomar el aparato antes que la mesera vuelva a recoger al pago de sus servicios, mi habilidad de carterista es nula por lo que tengo que reducir el paso junto a la mesa de china, tomo el aparato y lo introduzco rápidamente en la bolsa trasera de mis jeans. Mi vecino a tres mesas al fin sale del baño justo en el momento en que mi brazo hacía el movimiento brusco de la mesa a mi pantalón. Me mira con sospecha y yo solo me hago el desentendido hacia la barra y veo a la mesera a través de la puerta de la cocina que esta platicando con otro de sus colegas. Ya dentro del baño después de respirar profundo y sudar frío por mi delito, noto que la alerta que emitió el aparato allá afuera se trataba de un mensaje de texto, dudo un momento sobre invadir la privacidad de las personas y sucede dentro de mi un intenso debate sobre lo que esta bien o mal en estas circunstancias. El debate dura 10 segundos y la curiosidad oprime el botón leer, el teléfono apaga su pantalla y aparece la leyenda: introduzca clave para desbloquear. Damn it!! no me esperaba eso.